Publicado: 14 de Marzo de 2018

Muchos autónomos utilizan su vehículo en la actividad económica, ya sea para visitar a clientes o proveedores, para desplazarse a reuniones o por viajes de trabajo. Muchos son los gastos que genera el vehículo para el trabajador por cuenta propia: amortizaciones, reparaciones, seguro, gasolina, plaza de garaje… y el criterio de Hacienda es muy restrictivo. Por ello, es conveniente saber si tales gastos pueden ser deducidos en el IRPF, cómo probar que un vehículo está afecto a la actividad, y cómo defenderse si Hacienda niega tal deducción.

¿Qué gastos del vehículo puede deducir un autónomo, según Hacienda?

A la hora de determinar qué gastos relacionados con el vehículo del autónomo son deducibles en el IRPF, Hacienda se remite al artículo 22 del Reglamento del IRPF. Dicho artículo exige que los vehículos se utilicen de forma exclusiva en la actividad del autónomo para considerarlos afectos a la actividad. Hay que tener en cuenta que la normativa del IRPF no permite una afectación parcial del vehículo (como sí ocurre en el IVA). En definitiva, es un todo o nada, sin término medio. Sólo unos “afortunados” vehículos se libran de esta regla general de no afectación a la actividad. Son los previstos en el apartado 4 del citado artículo 22.

La consecuencia es demoledora para el autónomo. Si el vehículo no está afecto a la actividad, no es posible deducir los gastos que el mismo genera (amortización, reparaciones, seguro, gasolina, plaza de garaje…). Y ello, del mismo modo que no es posible deducir los gastos que genera un inmueble, si previamente no se ha afectado a la actividad.

La batalla está, por tanto, en la prueba de la afectación del vehículo a la actividad. Y en este punto, el Reglamento del IRPF exige una afectación exclusiva, algo que, como se verá, es muy difícil de acreditar.

¿Cómo probar que el vehículo está afecto exclusivamente a la actividad?

A la hora de probar que un vehículo está afecto a la actividad, el autónomo puede valerse de cualquier medio de prueba admitido en Derecho. Sin embargo, es la conjunción de varias pruebas la que puede vencer la resistencia de Hacienda, y permitir la deducción del gasto. No obstante, esto rara vez ocurre en vía administrativa, por lo que al contribuyente no le quedará más remedio que recurrir.

El contribuyente puede demostrar que tiene un segundo vehículo para uso particular, y que por tanto el que deduce está afecto a la actividad de forma exclusiva. También puede realizar un registro de salidas y desplazamientos realizados con el vehículo, así como de los kilómetros realizados en dichos trayectos, al objeto de contrastarlos con el kilometraje del vehículo.

Estamos en cualquier caso, ante una prueba muy compleja. Y es que, una cosa es acreditar que el inmueble se utiliza habitualmente para la actividad, y otra que tal utilización es exclusiva. Es decir, que nunca se utiliza el vehículo para otros fines.

Registro y contabilización del vehiculo, ¿es prueba suficiente de su afectación exclusiva?


Algunas sentencias consideran que el contribuyente no debe realizar un esfuerzo probatorio tan complejo, bastando el simple registro del vehículo en la contabilidad de la empresa.

En concreto, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha dictado varias sentencias en las que considera que el contribuyente no debe probar la correlación de los gastos con los ingresos de la actividad. Por tanto, una vez contabilizado y registrado el vehículo por el contribuyente, es Hacienda la que debe demostrar si dicho bien está o no relacionado con la actividad. Y es que, es a la Agencia Tributaria a la que le corresponde averiguar la verdad material, más allá de la declarada por el contribuyente. Y ello es incompatible con trasladar sin más, la carga de la prueba al contribuyente.